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LA PREHISTORIA DEL PASODOBLE

 Miguel Ángel Picó Pascual

             Un tema en el que no ha incidido nunca la investigación musicológica ha sido el de los origenes del pasodoble español, un género propio de nuestra patria, que al día de hoy carece siquiera de un estudio en el que se muestre su evolución a lo largo de la centuria décimonovena. Es verdad que se han escrito muchas cosas acerca de su origen, unas más sabias que otras, casi siempre desde la imaginación personal, pero nunca se ha procedido a rescatar piezas, de manera que podamos saborear los orígenes y la evolución del género, cosa en la que hemos intentado detenernos al elaborar todo un proyecto destinado precisamente a este fin que, en definitiva, no es más que una breve muestra de un recorrido todavía por conocer, estudiar y analizar. 

            El primer pasodoble español conocido hasta la fecha lo descubrí yo a finales del siglo`pasado y de inmediato lo di a conocer a la comunidad científica, pero curiosamente nunca nadie me pidió la instrumentación del mismo con tal de poder ser interpretado, algo que me llamó mucho la atención. Ninguna banda, absolutamente ninguna agrupación musical, en realidad quiso saber cómo sonaba aquella composición, su forma y tipología. Dicha composición, que nosotros hemos titulado «El Sobejano» debió ser compuesto hacia 1818, ya que fue publicado a principios de la década de los años veinte del siglo diecinueve en un raro método de piano. Del mismo ofrecemos dos versiones, una para lo que consideramos una verdadera banda primitiva de la época fernandina y otra algo más evolucionada con tal de que pueda ser interpretado por nuestras pequeñas formaciones actuales, aunque pensando siempre en todo momento en la concepción estructural instrumental en la que nació, de ahí su instrumentación que no sea moderna. Casualmente a los pocos años, descubrí nuevos ejemplos de la década de los años cincuenta del siglo XIX que perfectamente nos permiten rastrear la evolución del género en aquellos momentos. Ambos pequeños estudios completamente divulgativos que elaboré en su momento se encuentran disponibles en la red por lo que pueden ser consultados fácilmente al ser publicados por una institución cultural que pretende difundir y divulgar en todo momento la cultura tradicional. He de decir que el último trabajo se publicó posteriormente más de una década después de su investigación porque la revista en su momento lo extravió. Me consta que su contenido ha sido muy visitado por los internautas. Aún así, pese a ello, tengo que manifestar de nuevo que igualmente nadie se ha interesado siquiera en preguntar por los mismos, en saber cómo suenan en realidad. Pues bien, ahora las bandas de música pueden saborear esas composiciones gracias a nuestra editorial que los presenta por vez primera al público. Los nombres que les hemos puesto a estas composiciones son «El Félix», «El cancán», «El checo» y «La diana».Igualmente hemos querido rastrear varios ejemplos de la diversidad que originó el género antes de 1870: el pasodoble  torero, el militar, el festero, el pasodoble genuino, el rural, y de ellos encontrarán diversas muestras en nuestra editorial que, siempre que tenga acogida, piensa dedicar un gran esfuerzo en continuar rescatando pasodobles de todos los géneros escritos a lo largo del siglo XIX y que les iremos ofreciendo a las bandas de música con tal de que puedan engrosar su repertorio con un género tan patrio que al día de hoy carece siquiera de un estudio que revele su evolución y que estamos intentando realizar. De la primera tipología presentamos una nueva versión amplificada de «Pan y toros» del maestro Barbieri, compuesto en 1862. Del segundo grupo destacamos una nueva versión de un pasodoble de Leopoldo Martín, que data de 1870 y que hemos titulado «El desfile», así como las dos obras una década posteriores de las compositoras que incluímos en nuestro proyecto Bandidas. De la tercera tipología, presentamos una nueva versión del pasodoble más antiguo escrito para las fiestas de moros y cristianos de la región valenciana, que descubrimos también en su momento, obra del compositor contestano Manuel Ferrando y que nosotros hemos titulado «La nostra festa». Con respecto al mismo hay que decir lo siguiente. La instrumentación original del autor nunca había sido consultada puesto que se conserva en una colección privada -la que se ha interpretado es obra de Joaquín Sansalvador, que pese a estar muy bien hecha no representa para nada en ningún momento el espíritu del momento. La mejor muestra de lo que nosotros denominamos pasodoble genuino rural es, sin ningún lugar a dudas, el pasodoble que hemos titulado «La visita de D. Manuel», un delicioso y encantador pasodoble compuesto para guitarra por Juan Crespo en 1870 con motivo de la recepción que le hicieron los habitantes de una pequeña pedanía andaluza al aristócrata propietario del lugar en una de sus visitas. Llama la atensión que el mismo fuera pensado para guitarra, el único instrumento que tenían a disposición. Posiblemente, a su vez, esta pieza sea uno de los pasodobles más antiguos escritos para este instrumento, al menos puedo decir que es el más antiguo de los que yo conozco.    

     A su vez damos por primera vez a la luz el pasodoble alicantino más antiguo conocido hasta el momento y que nosotros hemos denominado, El trovador, por estar basado en motivos de esa ópera verdiana. Fue escrito por José Rogel antes de 1855.

    Para más información consúltense las dos siguientes obras del autor que todavía están inéditas: La prehistoria del pasodoble y El pasodoble español durante el siglo XIX. Catalogación y estudio de los pasodobles editados

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