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LA MISANDRÍA EN LAS MUSICÓLOGAS ESPAÑOLAS ACTUALES

Miguel Ángel Picó Pascual    

La vanidad y el engreimiento entre los musicólogos actuales está a la orden del día, es un hecho que es conocido por todos los que nos dedicamos a la investigación musical. Creo que precisamente este no es el sitio más idóneo para que me adentre en el tema. Gente con una instrucción mínima, sin título ni nada, por el mero hecho de haber escrito un simple artículo de investigación, que en realidad no va más allá de un trabajo de instituto, se cree de seguida que es un gran sabio en la materia y que domina todo el tema musical, de manera que se autocalifica inmediatamente de musicólogo, aunque con quien realiza la carrera o especialidad en los medios oficiales ocurre prácticamente lo mismo puesto que la mayor parte de sus trabajos igualmente suscitan una gran indignación. Tanto en las cátedras de las facultades como en los conservatorios, donde el nivel del profesorado que se dedica a la enseñanza es de pena, observamos el entorno ideal para los rumiantes y es que, en realidad, a aquellos la enseñanza nunca les dejó tiempo para aprender. Si a su incompetencia le añadimos su nivel de envidia y su mezquindad espiritual tenemos como resultado una población nutrida de fanfarrones musicastros/as de tres al cuarto que surgen hasta de debajo del agua. Podríamos decir que la anhelada Wissenchaftslehre se ha convertido en una auténtica Wissenschaftsleere. Este país funciona conforme funciona, no tiene remedio. Esta nueva generación de arrogantes cabezas de carnero, que se presenta como una especie de justicieros que vienen a devolver a las aguas su pureza y a restituir supuestamente la dignidad que según ellos carecía esta especialidad, lo que sabe hacer muy bien es criticar absolutamente todo, tanto lo que se está haciendo por parte de sus «compañeros» como lo que se ha efectuado con anterioridad a su existencia, así es que, por poner tan solo un ejemplo, diré que la aportación de D. Higinio Anglés para ellos es en todo momento incorrecta e insignificante. Ellos son los verdaderos artífices de la investigación musical en nuestro país, las verdadera figuras, los superhombres, que nos rescatarán del nefasto pasado, que para ellos es pura basura. Sin comentarios. No sé dónde iremos a parar con la producción de estos nuevos dioses, que inundan el panorama y cuyo crepúsculo se presagia inmediato.

     Las musicólogas, por su parte, convertidas igualmente en musicastras, con todo el tema del feminismo que ha tomado un nuevo rumbo descontrolado a principios de este nuevo siglo, no solo han intentado, según su criterio, iniciar los estudios de género -que en realidad no son ninguna innovación en nuestro país puesto que algunos nos hemos dedicado a ello desde hace algunas décadas-, sino de inmediato adueñarse de un terreno que creen que les pertenece por naturaleza, cuando en realidad no tiene dueño, es de todos. Considero que deberíamos no poner barreras en este sentido puesto que lo único que se está haciendo con semejante proceder y actitud es construir una muralla que pretende ser infranqueable, lo que es sumamente perjudicial para el conocimiento y la investigación. Conforme vamos no tardaran en aparecer, si no lo han hecho ya, los/as musicólogos/as que reivindiquen la parcela que delimita la homosexualidad y lo transgénero en la música. De este último grupo, por ser de tan rabiosa actualidad y tan particular, dudo mucho que se organicen y encuentren material. 

     Pues bien, hay que decir que a estas mujeres parece ser que no les interesa que los hombres ahondemos en un terreno que ellas creen que es completamente suyo. Según su opinión, «su» parcela es impisable, les pertenece, una de ellas en un momento dado intentó buscar incluso la propia «patrona» historiográfica. Nada mas absurdo y descabellado, tal y como lo hice constar en su día en un escrito. Pero, sin duda, cabe preguntarse qué demonios han hecho estas señoras durante todos estos últimos años en este terreno. A parte de alguna que otra aportación menor, que las hay, nada, absolutamente nada, solo teorizar, algo que está muy bien, aunque tengamos que decir que de ello ya se encargaron en su día toda una serie de musicólogas extranjeras que pasan por ser las pioneras. Lo que se dice trabajar, investigar, buscar y rescatar obras del olvido de nuestro pasado, nada de nada. El trabajo de archivo no les interesa, salta a la vista puesto que no han sacado siquiera una obra a la luz. Con ello, parece ser, al menos es lo que demuestran, pues, que no les atrae ni les seduce lo mas mínimo conocer a fondo la producción musical de las mujeres del pasado que las precedieron. Señoras mías, sin búsqueda y sin rescate de obras no hacemos nada puesto que sin ese paso previo no podemos siquiera conocer y analizar la realidad objeto de nuestra iniciativa. Lo que está claro es que teorizar de manera generalizada, que es lo que hacen Vds. no nos lleva a ninguna parte.

     Cuando yo publiqué mi libro Sonidos en silencio, título que por cierto posteriormente fue plagiado por una escritora para presentar un trabajo irrelevante acerca de las mujeres en la música en general -¿es que las mujeres de este país no tienen más imaginación para buscar otro título?-, parece ser que mis aportaciones no le sentaron nada bien a una señorita que debe ser por naturaleza andrófoba, y de la que no merece siquiera incluir su nombre aquí puesto que sin leer ni comprender el objetivo y contenido de mi libro, puesto que si lo hubiese leído no hubiese afirmado lo que escribió acerca del mismo, se limitó a criticarme comparando mi trabajo nada menos que con el de una vieja aficionada escritora de nuestro país, siquiera musicóloga, que no aportó absolutamente nada al campo de la musicología feminista española -ni tan siquiera investigó nada virgen en archivos-, pero eso sí, me citaba en su ridículo estudio para lo que le convenía. ¿En qué quedamos? 

     Para empezar he de manifestar que la comparación de mi trabajo con el de semejante dama cuyo trabajo es propio de las noñerías decimonónicas, no tiene cabida alguna, puesto que yo he trabajado el tema de las mujeres en archivos, he sacado infinitud de obras del sueño más profundo, y la vieja en lo poco que ha escrito -prácticamente nada y todo ello completamente irrelevante, todo-, se ha limitado a escribir únicamente tonterias. Por favor, sea respetuosa en sus críticas y no nos meta a todos en el mismo saco, a cada uno se nos ha de reconocer por nuestra labor. Si Vd. no conoce la mía es su problema, infórmese por ejemplo en el registro de la propiedad intelectual y allí encontrará todas las obras que he dedicado a las mujeres españolas del siglo XIX, que no son pocos, pasan de la decena. He rescatado muchísimas obras. Con su ignorancia solo está demostrando que no conoce el tema, ni los trabajos de quienes hemos luchado por conocer el pasado musical femenino de este país. Todo ello demuestra a su vez la clase de profesores que Vd. ha tenido, musicastros de tres al cuarto. De tal palo tal astilla. Por tanto, no tiene nada que ver mi labor de búsqueda, investigación seria y análisis con la de una señora que no ha aportado absolutamente nada a la ciencia y se ha limitado a escribir cuatro tonterias de nada, porque no ha hecho mas que eso. 

     Se notaba a simple vista que mi trabajo no le gustaba a esta musicastra. Desde aquí digo que siquiera leyó el enunciado de los subtítulos de mi trabajo. Además, otra cosa muy importante, mi libro salió a la luz justamente cuando ya tenían en prensa el suyo, que prepararon sin tenerme siquiera en cuenta para que pudiese presentar alguna que otra aportación, por lo que no les dio tiempo a leerlo y mucho menos las notas a pie de página donde se aporta mucha información. No pretendo placer a todos en todo lo que hago, faltaría mas, simplemente me limito a trabajar lo mejor que sé y me han enseñado mis profesores, que desde luego en este terreno no han sido tan zafios y borricos como los suyos. En el libro, tal y como expuse, presenté una serie de aportaciones mías leídas en diferentes congresos nacionales o internacionales, nada más, limitando y centrando mi investigación únicamente a la primera mitad del siglo XIX y a la música editada. La representación de esta summus feminista no me interesa lo más mínimo. ¿Qué ha hecho esta señorita en el terreno que nos ocupa? Pues absolutamente nada. Su sabiondez le hace colocar en el centro del universo feminazi musicológico español influída por su ego narcisista tras haber ganado nada menos que un concurso convocado por una estúpida asociación de insulsos, necios y bufones sin talento alguno. A mí eso no me dice absolutamente nada, señorita, incluido su trabajo.  

     Señoras musicólogas que se precien en serlo y amen nuestro país, dedíquense a trabajar el tema de género si tanto les gusta, pero céntrense, háganlo bien y dejen de teorizar que, en realidad no nos lleva a parte alguna, y reconozcan el trabajo que yo he hecho, que ha sido precisamente el de investigar, buscar, rescatar y analizar obras escritas por mujeres de nuestro país desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XIX, fueran buenas o no, en definitiva presentar la realidad con la que me he encontrado en mi búsqueda: la primera obra para orquesta, la primera obra para voz y orquesta, la primera obra para banda, la primera obra para pianoforte, etc… Todo ello lo tienen debidamente registrado en el archivo de la propiedad intelectual puesto que no ha sido publicado. A parte, he compilado toda una serie de obras únicas del siglo XIX que reposan únicamente en mi archivo personal, ni siquiera están en la BNM ni en otra biblioteca pública importante, a la espera de que algún día puedan salir a la luz.   

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