Fondo Miguel Angel Pico

Estudios sobre Chopin para mano izquierda 6, 7, 8, 11 y 2 (Moscheles- Fetis) Reconstrucción de los cinco estudios que no conservamos de Leopold Godowsky para la mano izquierda

 Miguel Ángel Picó Pascual

          Apenas estallar la primera guerra mundial, la família Godowsky en pleno decide abandonar apresuradamente Viena, ciudad donde se hallaban asentados momentáneamente dado que Leopold ostentaba el cargo de profesor de piano de la Escuela Imperial. Pese a ello, su llegada definitiva a Nueva York no tuvo lugar hasta noviembre de 1914, pues su estancia en Suiza se prolongó durante algunos meses. La decisión de marcharse de Viena debió ser tomada con bastante precipitación, si no, no se explica la pérdida de tantos destacados bienes muebles, incluida su importante biblioteca y parte de sus manuscritos autógrafos. En la capital austríaca dejaron no solo enseres personales, cuadros y pianos, etc…, sino lo más importante, una cuidada y exquisita biblioteca privada de música con valiosas primeras ediciones y autógrafos importantes. Entre las obras personales originalmente compuestas por Godowsky, de las que no conservaba en su poder más que una única copia, se encontraban una romanza para piano y dos baladas para violín y piano, una en la menor y otra en sol menor. Entre las composiciones de otros autores transcritas por el genio lituano-americano para el piano, figuraban las Symphonic Metamorphosis sobre El Danubio azul de Strauss y diez estudios de Chopin, que no sabemos si pensaba incluir más adelante en su extraordinaria publicación monumental acerca de los Estudios sobre Chopin, iniciada a finales del siglo XIX y concluída en 1914, la obra más transcendental de toda la literatura pianística del siglo XX. Estos eran los siguientes: un estudio que era una combiación de tres, el 2 del Op. 10, el 4 del Op. 25 y el 11 del Op.25, otro que era una combinación del 4 del Op. 25 y el 11 del Op. 25, una versión del 8 del Op. 25 para mano izquierda, otra versión del mismo para dos manos, una versión del 6 del Op. 25 pensado para la mano izquierda, otra versión del mismo para dos manos, una versión del 7 del Op. 25 para mano izquierda, otra versión del 11 del Op. 10, otra versión del 12 del Op. 25 y finalmente, otro que sabemos estaba escrito en forma de variación.

           Así pues, los cincuenta y tres estudios sobre Chopin, tal y como los conocemos en la actualidad, quedaron privados de otras versiones que en su día fueron escritas y al día de hoy desafortunadamente nos son completamente desconocidas. No obstante, con el correr de los años, no sabemos por qué, Godowsky dio por concluida su obra y nunca jamás intentó reconstruir de nuevo aquellos estudios abandonados en Viena. ¿Por qué decidió cerrar definitivamnete la obra habiendo escrito tambien estos diez estudios que no pudo incluir en la edición definitiva por la razón expuesta? No sabemos si tal vez pensaba retomar su escritura algún día, pero quizás la falta de ánimo y sobre todo la de tiempo, sus imparables giras y grabaciones probablemente se lo impidieron. ¿No le convencieron plena y totalmente aquellas versiones que todavía tendría, sin duda, frescas en su mente? Es muy poco probable que quedara insatisfecho de su trabajo, pues su escritura de por sí siempre rebosa en todo momento un desbordante y rabioso talento, y está dotada de un refinamiento verdaderamente insuperable. La perfección de su obra es verdaderamente extrema, siempre va en busca de la escritura correcta, de la exactitud de la nota justa, todo en sí es perfecto, no se le puede poner pero alguno en parte alguna, pues ha sido sabiamente pensado con una meticulosidad increíble, incluídos los sonidos armonicos resultantes. Godowsky es un excelente visionario creador que tiene en mente cada uno de los sonidos que pretende obtener y que dado su extremo virtuosismo puede probar de inmediato el resultado concebido. Muy pocos creadores pueden presumir de ello a ese nivel.

          La verdad es que nunca pretendió reescribir todos los estudios de Chopin para la mano izquierda, si bien hemos conservado la gran mayoría de ellos, faltarían a los tres que se extraviaron, el 11 del Op. 25 y el 2 de Moscheles-Fetis, que son en principio poco abordables para un medio tan exiguo como el nuestro. Considero que si Godowsky no se planteó siquiera hacerlos, por algo sería. A su vez, los números 6, 7 y 8 del Op. 25 lo son también, pero la prodigiosa y genial mente de Godowsky no conocía límites, de él se podía esperar cualquier cosa. La verdad es que siempre nos sorprende con su excepcional maestría, recreando unas obras que en principio resultan transcripciones inalcanzables e inabordables para cualquier mente creadora.

          Tras estudiar toda su obra completa para la mano izquierda, una experiencia fascinante, la mejor de mi vida posiblemente, rondó por mi mente durante varios meses la idea de reescribir los estudios perdidos para la mano izquierda, a pesar de que me parecía tarea imposible, pues consideraba que estos estudios eran muy poco propicios para ser transcritos para este medio, pese a que Godowsky lo había hecho y habría que ver con qué maravillas nos hubiese sorprendido.Trataba de imaginar cómo los había podido reinventar e intuía una prodigiosa escritura que, sin duda, a mí se me escapaba por completo. Mi mente dista mucho de la suya. No obstante, algo me impulsaba y empujaba a reescribirlos, pero ni podía ni debía hacerlo a mi manera, quería conservar el resabio godowskyniano, objetivo primordial de mi impulso. Sin él, los estudios perderían de seguida su verdadero encanto. Un día, sin más, sin preveerlo me puse a trabajar en ello basándome en gran parte en lo que dejó escrito para dos manos el maestro. Es evidente que su concepción no hubiese sido esa puesto que Godowsky jamás se repetía, la variación presidía sus principios creativos. ¡Y qué recreación! Al final, aquellas partituras perdidas, que, sin duda alguna, debieron ser excelentes desde todos los puntos de vista, fueron capaces de evocar las mías. 

          Empecé por los estudios 8 y 6, que fueron los que realmente escribió y publicó para dos manos en su colección. En ellos, como viene siendo habitual en él, traslada el estudio propiamente a la mano izquierda. A pesar de que según todos los indicios, parece ser que en el número 8 que escribió para la mano izquierda, cambió las sextas por terceras, al menos eso es lo que sugirió en su momento su biógrafo oficial, Nicholas, aunque desconozco en qué se basó para mantener su afirmación pues en ningún momento lo indica, decidí conservar el sabor original del estudio, basándome, por su puesto, en la escritura godowskiana que figura en el conservado para ambas manos. Como las simples sextas resultaban realmente pobres, decidí combinarlas siempre que fuera posible, con décimas y ocasionalmente undécimas, a veces repletas de armonía, con tal de crear una base sonora que permita una mayor riqueza armónica al estudio. Si bien soy plenamente consciente que esas extensiones en ciertos momentos generan tensiones y, en todo caso, una dificultad añadida al estudio, considero que son indispensables para crear la armonía indispensable que sustente el edificio sonoro. 

         Con el número 6 procedí de la misma manera que en el anterior. Tras analizar y estudiar detenidamente su versión para dos manos, conservé de él todo cuanto pude. Como en el anterior, el problema armónico siempre ha sido tenido en cuenta, aunque quizás en este caso haya sido más fácil de solucionar, si bien genere una mayor dificultad técnica. 

         Con el número 7, la transcripción que he hecho es prácticamente literal, si bien requiere una mano de por sí algo grande. 

         A simple vista, el número 11 del Op. 25 y el 2 de la serie de Moscheles-Fetis parecen también inabordables para mano izquireda, de hecho el maestro no los escribió nunca. Basándome en todo momento en su creación para dos manos he compuesto una versión para mano izquierda, con tal de poder completar todos los estudios. De ese modo, al día de hoy podemos disponer de todos los estudios de Chopin a nuestro alcance.

        Si bien esos pentagramas perdidos y no creados terminaron originando la escritura de los míos, estoy plenamente convencido que estos carecen de la maestría inigualable del maestro, que tenía en todo momento una capacidad especial y extraordinaria para trasladar y reinventar las obras de autores como Chopin, Strauss, Bach o Rameau, por citar solo unos nombres. Una obra maestra en sí, en su cerebro prodigioso pasaba a convertirse en otra obra maestra todavía más insuperable, algo verdaderamente difícil de superar. El maestro en todo momento siempre demuestra poseer un ingenio superior al autor objeto de la transcripción, recreando su obra con su peculiar armonía y estilo personal. No se puede hacer mejor, sin duda. La recreación y la variación fue una obsesión en toda su obra, el arte de variar en sí formaba parte de su peculiar concepción artística y nadie sabía hacerlo como él y más a la hora de adaptar las obras a la mano izquierda.       

       He de advertir que los estudios que he recreado son en sí técnicamente difíciles, ya en sí el hecho de tocar constantemente terceras o sextas lo es, y por supuesto no aptos para cualquier tipo de mano, requieren una mano grande, especialmente el séptimo, en el que las disposiciones que se han de adoptar para poder mantener las notas creadas por Chopin son a veces acrobáticas. 

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de sus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Más informaciónPersonalizar Cookies    Configurar y más información
Privacidad